Parte
del museo histórico “Martiniano Leguizamón” fue testigo, el jueves 14/6, de lo
que es ser un verdadero rescatista
del patrimonio cultural argentino-e-iberoamericano: el licenciado Alberto
Barriaga puede compararse a una fruta madura a la que es imposible no pretender
sacarle todo el jugo, atrapados como estamos, en el valle de la muerte…
Cada hecho social es irrepetible y,
si no se concreta, se fuga para siempre (pasa, como algo que debiera haber
sucedido, y resta, resta en la vida de una comunidad, quita).
En ese amanecer de lo nocturno mi
propósito era aprovechar al máximo aquélla congregación de hombres póstumos,
los hacedores del futuro que no vivirán para tomarlo entre sus manos, como lo
harían de llegar a vivir medio siglo más. Por lo tanto, lo único que pueden
hacer es transmitir una actitud crítica cargada de significancia histórica como
una forma proyectual que, de alguna manera, prefigura y modela el material que
será usado por otros, los continuadores del esfuerzo ancestral humano.
En esta línea de pensamiento se
inscribe la obra de Vicente Danilo Sierra, el convocante, convocado a su vez
por el esclarecimiento genuino de la naturaleza social del hombre argentino desde
la hispanidad.
Es fácil dar por hecho el pasado
sin haber intervenido en él: este es el vicio de la mayoría de los profesores
que hacen “docencia” sometiéndose a lo que hoy impera, la contra-cultura o
hegemónico “culturizar” a partir de recortes ideológicos y relatos “perfectos”
que, por lo general, “cierran” en la mente infantil de un modo ilusorio y
falaz, por “llegar a la conclusión” que las cosas están como están porque
existe un “sentido histórico” que las justifica, como si los actuales intereses
de clase no se desvivieran por reconocerse y legitimarse desde los inicios…
Parado en diagonal al museo, bajo
una farola de la plaza, no esperé a que los distintos entren alrededor de la
hora señalada (las 19 ). Yo también era un distinto que no necesitaba más
preámbulo que la cita de Vicente que estaba en mi poder: “Confunden restaurar con rehacer. Rehacer el pasado
es un absurdo que escapa a todo sentido de la realidad histórica; pero
restaurar –retener los testimonios- sólo es posible cuando, salido un pueblo de
su propio destino, torna de nuevo a él”. Así que tomé la decisión de avanzar y,
en unos pasos, ya estaba dentro recorriendo las vitrinas que muestran parte del
asombroso instrumental tecnológico de los comienzos de la medicina moderna en
el país.
No por ser “malos” o mediocres no
conocemos de estos historiadores, si no precisamente por lo contrario: no se
sabe de ellos por todo lo bueno que tienen. Esta fue una de las primeras cosas
que se dijo y me gustó, me gustó muchísimo que se esclarezca esta sospecha que
los amantes de las elevaciones siempre tenemos pero que muy raras veces
acompañamos con los güevos suficientes
para hacernos cargo: preferimos “saber” que la dominación actúa de esa
manera en lugar de comprobar que es así; preferimos tener un esquema mental que
nos proteja en lugar de poner la mente a actuar. Tenemos pereza intelectual, y
a eso lo llamamos impropiamente “estudiar”… ¡No señor! Los conformistas del
estudio ni siquiera le hacen sombra al hombre de conocimiento. ¡¿Qué?!,
¿todavía no se han querido dar cuenta que la pertenencia a la vida de la
cultura es una ardua tarea de investigación y contrastación que implica el
cuerpo a cuerpo en charlas, debates, conferencias, reuniones o cafés?, un andar
“de aquí pa’ yá” que no se condice con la ilegítima pulcritud del estar sentado
frente a una p.c la mayoría del preciado tiempo…
Esta vez, nos pudimos reír un poco de la
ingenuidad de la historia manipulada gracias a la confianza que nos generó
compenetrarnos por unos momentos con la Educación de estos magníficos disertantes (el ingeniero
Jorge Tonkonoff también estaba allí presente, con una mirada más marcada sobre
la persona de Perón).
E. G. ergaliu@hotmail.com
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